Yo miro, tú cuentas. / by Alejandro Mallado

SUEÑÓDROMO

Como un post-it en aquel cuaderno de anillas y pasta de cartón, como un imán de esa ciudad de vacaciones en la puerta de tu nevera, frágil y pegado en el áspero premarco de mi ahora nueva, blanca y vieja ventana. Desde donde observo siempre ese impredecible y también mío atardecer, ese también ahora mío cielo. Sujeto a duras penas por aquel polo negativo o positivo, por ese pegamento dosificado a tiras que une mis papeles y nunca sabré cómo llegó ahí, o quién lo puso. A punto de volar dejándome llevar por aquella acuarela que nunca vi, de la que ahora me quiero manchar, empapar, impregnar. De esa nueva oculta puesta de sol, o de ese ahora, mío también, universo. Esa pintura en el cielo de la que me quiero salpicar sin paraguas por aquel color imposible. De ese que solo se consigue mezclando muchos tintes del alma, ése que no venden en ninguna papelería cuando el nuevo curso carga de ilusión otra nueva verdad frente al abismo de tu profunda maleta aún adolescente. Con suerte tu  nuevo lienzo aún virgen. Con suerte aún algo infantil.

Reblandece la palillería inglesa clásica ante el calor que me hace adelgazar, como una huella en la arena de playa que espera el mar  a su paso. Y mientras ninguna señal de humo anuncia en las calcinadas chimeneas la llegada del frió en los huesos, ya sabe a refugio y hoguera más mi aliento hoy siguiendo esas nubes que cualquier antiguo abrazo, cualquier calefactor, o climatizador central. Esa nube dulce de miel y azúcar que por momentos se queda parada y me permite rozarla con mis gastadas y suaves yemas desde mi asombro, desde ese, ahora también mío, sentimiento.

Desde aquí sentado, el mundo por fin frente a mi, y yo de nuevo de pie frente al mundo. Desde mi ventana  saboreo y palpo ese precioso reto, ese precioso desafío otra vez. Una ventana que marca la frontera que me obliga a ser lo que soy, para seguir siendo algunos días lo que sueño. Algunos pierdo, muchos gano, todos siento y aprendo. Un rincón cultural de música clásica y alternativos  instrumentos. Instrumentos como juegos, como la Oca o el Parchís, con todas sus estrellas, nubes, formas y lunas como fichas. Como comerte una y avanzar veinte llegando también a mí ahora, nuevo hogar. Como ganar la partida llegando a tu refugio tan lejos de casa recorriendo el tablero.

Bonito sentimiento. Sentimiento de debilidad en la fortaleza, sentimiento límite como acero que nunca se dobla, que tan solo es firme, que tan solo vive recto, o en su defecto se parte.

¿Y quién no quiere uno? Aunque sea en la distancia mas lejana, aunque esté al alcance de lo imposible.

¿Y quién no añora alguno? Aunque sea ese que tan ácido y amargo te supo, ese que da referencia al resto entre malo o peor, entre bueno o mejor.

¿Y quién puede evitarlos? Tú, frente al acantilado no, eso es seguro.

Sueños para el alma, algún poyete donde descansar la moral, donde amontonar las cajetillas de tabaco encima de la poesía.

Ese pletín donde casi no cabe tú persona, y podría dormir tu personalidad. Hilos de magia que asoman desde mi cama. Desde donde se ve que el mundo también experimenta. Desde donde se ve tan joven como permite su intimidad. Seguro que también tienes uno, seguro que también tienes tu iglú esquimal con provisiones de pesca para el largo invierno, o tu tienda de campaña india repleta de plumas y cabelleras bastardas, tu lugar de sueños donde ves esos colores imposibles. Seguro que si, y si no es así, si no tienes, seguro que también quieres, o añoras, o no puedes evitar haber tenido o querer alguna vez alguno. Tu bonito lugar donde volar para despertar del sueño, quizás no por estar cansado, quizás por cansancio de soñar. Regalando ausencias para el paraíso de los recuerdos. Tu bonito tiovivo de silencios sin miedo a callar. Tu bonita pista de baile donde siempre que puedes tiras el ridículo por la borda y la vergüenza queda ruborizada. Aquel bonito patio donde siempre que puedes juegas como solo ese crío que aún vive en ti puede enseñarte. Ese bonito lugar tan cierto como el amor en un parque, en un banco a solas con el corazón de esa persona a la que amas, y tan real como el amor de mentira enseña a otras personas que tan solo pasan y os miran. Esa bonita estupidez de lugar donde todo te planteas, donde te preguntas insignificancias como porque tu peli favorita no tiene su título, como el resto, traducida al español. Pero claro, Braveheart es mejor no traducirla, por eso de no fabricar en las mentes más mitos.

¿Vas recordando? ¿Vas aprendiendo? ¿Vas encontrando ese lugar? Gracias por lo de orgulloso, y bienvenido a mi lugar donde todo se convierte en realidad. Bienvenido a mí ahora, también tuya ventana. Te invito a que mires mi nuevo cielo de Londres y sus colores imposibles. Siéntate en ella, cuelga los pies con miedo y ponte cómodo. Bienvenido a mi “Sueñodromo”.

 Paco de Celis